Llega la hora de un pequeño paréntesis, como corresponde a las fechas en las que estamos. Paréntesis que me servirá para desconectar un poco de todo, disfrutar de la cosecha musical y de algún que otro concierto. Me llevo el estupendo sabor de boca con el que me quedé con el directo de Dylan en Córdoba, las palabras son insuficientes cuando las emociones son tan intensas. En la mochila no va a faltar lo mejor de este semestre: soberbio el soul country de Danny and The Champion of the World; el fiero ataque de rock de tito Neil; la vuelta como si nada de The Sonics;mi dosis de blues con Henry Gray, Lil Jimmi Reed y el discazo de Steve Earle. En lo que corresponde a lo nacional, no podemos quejarnos; en este viaje le toca a Rafael Berrio, Bantastic Fand y el gran Chencho Fernández. Salud hermanos!!!
viernes, 17 de julio de 2015
sábado, 27 de junio de 2015
MONSANTO YEARS: NEIL YOUNG
A estas alturas, cuando apenas faltan dos días para que salga a la venta el nuevo disco de Neil Yong, todos los incondicionales habrán pegado una escucha (AQUÍ) y, espero, que como yo, coincidan que es su mejor disco desde el Psychedeli Pills del 2012. El disco "Monsanto Years" no pasa por otra cosa que convertirse como uno de los documentos sonoros de denuncia más importante de la historía de la música. Además es un ataque directo, sin esconder nada, a la más grande compañía proveedora de productos químicos para la agricultura, MONSANTO, sobre todo de productos transgénicos que ponemos todos los día en lo alto de la mesa y que nos mata un poquito cada vez más. Ya sabemos de la implicación de tito Neil por todo las injusticias, pero lo que le escuece especialmente cuando se trata de joder a la madre naturaleza. Nueve temas llenos de rabia -vuelta a la electricidad- en los que acompañado por los hijos de Willie Nelson clava algunos de sus mejores temas en años; no dejes de escuchar el simpático tema "Una estra del rock se rebela en una cafetería"...así es Neil Young.
jueves, 11 de junio de 2015
WHIPLASH: SANGRE Y BAQUETAS
Whiplash es uno de los temas, del saxofonista Hank Levy, que
toca el talentoso y novel batería Andrew Neiman, interpretado por Miles Teller,
en la película del mismo nombre del director Damien Chazelle. La traducción al
español del título es de "latigazo", quizás en referencia al
accidente que sufre en un momento dado el protagonista en la película del
que sale ileso o por el que tuvo el propio director durante el rodaje. La
obsesión por el reconocimiento y el éxito en una sociedad que castiga el
fracaso, ignora cruelmente la mediocridad y ensalza el triunfo como el único camino válido
para que los demás te reconozcan, es el tema que hay detrás de este film del
2014; reconocido en diversos festivales, como en el prestigioso Sundance e incluso
en los óscars del año pasado. En este caso se nos introduce en la historia de un baterista que está dispuesto al sacrificio máximo por tocar en la
orquesta de jazz más importante del país y la obsesión del brutal director de
orquesta, interpretado por J.K. Simmons (el J.J. Jameson en las pelis de
Spiderman) obsesionado por descubrir a un nuevo Charlie Parker. La película
adquiere por momentos el tempo de un thriller, y llega alcanzar ese ritmo de misterio
e incertidumbre típico del cine clásico de terror psicológico. Es la batería el
arma principal de ese miedo, es el jazz el vehículo que conduce la fatalidad a
la que está condenado el principal protagonista (el actor, de jovencito, tocaba
la batería en una iglesia), un joven acomplejado, aislado y sin una familia de
carácter que lo dirija; una familia debilitada por la falta de la madre y sin
poder para enfrentarse a los valores que inducen en los jóvenes la sociedad capitalista
actual. Y de trasfondo vertiginosos solos de batería condimentada por generosas
dosis de sangre) y temas clásicos del jazz (impresionante final con versión de “Caravan”
que tocaba el genial Duke Ellintong). Música y cine independiente en una sala
de verdad, con público real y cinéfilo; en los tiempos que corre esto es oro.
domingo, 17 de mayo de 2015
B.B. KING: DISCOGRAFÍA BÁSICA
En la década de los 80, Riley Ben King, alias B.B. King
(Blues Boy King), llegaba a hacer 250 galas por año. Pero eso llegó después de
un duro camino lleno de dificultades: la segregación racial, el rechazo de la
propia comunidad negra por el blues como un estilo asociado al negro paleto y
sometido, así como la explotación de los sellos discográficos, por poner
algunos ejemplos.
El pequeño Riley, nacido en 1925, huérfano a los 9 años,
empieza a trabajar de aparcero precoz al mismo tiempo que destaca en el coro de
la iglesia baptista de su pueblo. Comienza en pequeños grupos locales de góspel
hasta que se echa la guitarra a la espalda y se marcha a Memphis en busca de su
primo, Bukka White, su primer maestro a la guitarra. Maestro a la guitarra con
un slide brutal que B.B. nunca llego a dominar y a cambio desarrolla ese vibrato, y , gracias a la amplificación de la guitarra, es capaz de sostener el tono
antes de esa sucesión de arpegios en descenso que le caracterizan. Luego
vendría la luz de la mano de T-Bone Walker, Lonnie Johnson o Charlie Christian.
Lo demás forma parte escencial de la historia de la música popular. En los libros de
textos de la escuela, cuando, de pasada, se habla de la música afroamericana,
siempre aparece la típica foto de Mr. King, con su traje a lo “Big Band” y su
inseparable Lucille, algo impensable para un músico de blues teniendo en cuenta
que sus abuelos fueron esclavos en alguna plantación.
No voy a entra en tópicos tras su irreparable pérdida, su
discografía imprescindible habla por sí sola. Aquí están los esenciales para
mí:
-
The Blues/ Singing The Blues/ Let’s
Do The Booggie/ My Sweet Little Angel: Todos grabados en ACE records son obras
maestras indiscutibles. Sí,
has oido bien, ¡IM-PRES-CIN-DI-BLES! El rey se gana su puesto con creces,
desarrolla un estilo propio que acabarían imitando 3 de cada 4 guitarristas de
blues (sin importar su color). De esta época que abarca la década de los años
50 son temas que sostienen por sí mismo cualquier repertorio de blues que se
precie. Ahí están su “Three O’clock Blues”, “You Upset My
Baby”, “Woke Up This Morning”, o, uno de mis favoritas “Cryin’ Won’t Help You”.
Una época llena de éxito
en las lista de blues y Rhythm Blues de la época. Icono sexual, showman, dj de
éxito…tiempos de gloria absoluta.
-
Live
At The Regal. Hasta 1965, han pasado muchas cosas. Nuestro hombre, harto de que
le sangren en Ace, se pasa a ABC records que lo quieren convertir en un
cantante de baladas y góspel. El blues decae progresivamente en la década de
los 60 pero nuestro rey consigue la que para mí es su auténtica y definitiva
obra maestra. Un encendido disco en directo en el que te trasladas a una
auténtica sala de blues, una grabación sin aditivos, en la que te codeas con el
público y te ensordecen los gritos de las féminas desbocadas deseosas de ocupar
un sillón en el harén de su majestad. Si quieres elegir un solo disco del rey,
es éste. Flípalo en el arranque de “Every Day”, o en las alucinantes
interpretaciones de “Sweet Little Angel” y “Woke Up This Morning”.
-
Live
And Well. Terminando la década, sobre el 69 y unido, inevitablemente, al
estupendo “Completely Well” (de hecho se venden en formato doble). Es el salto
definitivo desde las listas negras (en las que ya es otra vez número uno) a las
listas de pop (donde con “Thrill Is Gone” llega al top 15). Se busca a un
productor de rock, Bill Szymczyck, manager de los Eagles, y entra en los
carteles y festivales masivos. Predomina un blues más eléctrico, con
supermúsicos de sesión, arreglos orquestales y calenturientas incursiones en el
funky.
-
Indianola
Mississippi Seeds. En 1970 graba uno de sus mejores discos en estudio, o al menos un disco imprescindible si lo que quieres es completar tu discoteca de
esta década. Soul sureño y colaboraciones propias de una estrella del pop:
Carole King, Leon Russel, Joe Walsh…
-
L.
A. Midnight. Anterior a éste te puedes apuntar otro de sus directos
imprescindibles, “Live In Cook County Jail”. Seguimos en los 70, en concreto
1972, y este disco es más de lo mismo, pero muy bueno, con imaginativa
revisiones de clásicos, arreglos sorprendentes de metales e invitados de lujo:
Taj Mahal, Jessie Davis, Joe Walsh…Otro acierto hacia el renacimiento de su
reinado.
-
BB
King & Bobby Bland: Together To The First Time (1974) y Together Again
(1976) son dos auténtico trallazos de aterciopelado blues soul donde impacta la
compenetración de dos artistas que repiten más por el placer de estar juntos
que por el recibimiento de éstos en
aquellos años. Las revisiones de temas clásicos cantados (más bien dialogados)
por ambos titanes te hacen olvidar por momentos sus grabaciones originales.
-
There Is Always One More Time (1991).
¿Qué hizo BB en la década
de los 80? Dar conciertos como un loco, sacar discos con revisiones constantes
de sus temas, colaborar con estrellas del pop y pasear a Lucille por todos los
festivales de blues y jazz del globo. Y no es mal disco este del 91 en el que
lucen temas de Doc Pomus y explota su lado más crooner. No se le podía pedir
más, a estas alturas, ¿quién podría aspirar a su trono? Fueron años duros para
el blues ¿y cuándo no?
-
Blues
In The Bayou. Otra joya de la corona. Este es uno de esos discos que te puedes
poner en cualquier momento si tras un mal día quieres dar un giro de 180
grados. Es posiblemente su mejor momento personal, sin las apreturas
comerciales de los 80 y tras una serie de discos de duetos que le reportan la
seguridad económica de por vida, nos deja esta obra maestra en el 98. El
emocionante arranque con “Blues Boys Tune” es uno de los momentos más importantes de la historia del blues del siglo pasado.
-
Riding
With The King. En las puertas del siglo XXI tenemos un King notable y maduro
con el que todos quieren tocar. No podía faltar el disco con uno de sus mayores
herederos, Eric Clapton. Cuando BB King luchaba por un sitio en el estrecho
universo de las seis cuerdas, “manolenta” era ya millonario habiendo declarado
su admiración e influencia de Riley. El disco no aporta mucho, correcto y
agradable de escuchar, y eso en BB es más que suficiente para recomendarlo. Por
cierto que Clapton está muy previsible y rendido a los pies de su “majestad”, se le nota.
-
One
Kind of Favor. Es su despedida (a la espera de que saquen, con casi toda
seguridad su disco póstumo) en el estudio. Y es una obra maestra absoluta. Un
disco con una producción excelente del señor T-Bone Burnett en el que versiona
una colección de temas ajenos de tipos como John Lee Hooker, Lonnie Johnson,
Howlin’ Wolf o Big Bill Broonzy. Rinde tributo a sus raíces, es una
reivindicación, desde la humildad y el talento a todos los “reyes”, a los que
merecieron esa gloria de la que él disfrutó (algunos casi se asomaron). El
disco es una delicia y de obligada escucha en su carrera. La foto de la portada
de Riley mirando al Mississippi es una maravilla, más bien es una mirada a su vida,
a la historia del blues. Es posible que su enfermedad (sufría diabetes desde
hace décadas), no le haya permitido meterse en el estudio con demasiada
frecuencia (en los últimos años abusó de sus magníficos directos); pienso que
con productores como Burnett podría habernos dado en esta última década unas
cuantas obras maestras más. Descanse en paz por siempre y que allí donde esté
no le falte una guitarra.
viernes, 24 de abril de 2015
WAITING FOR...THE SAINTS: CONCIERTO EN ALGECIRAS (22/04/2015)
Años,
décadas, idolatrando a los australianos The Saints. Sin pillarlos en
sus pocas visitas a nuestro país y, una semana antes, me entero con
sorpresa de que darán un concierto a poco menos de diez minutos de
donde, por razones laborales, me encuentro viviendo este año. The
Saints entran en mi vida a través del estreno de su disco del 86
“All Fools Day”, un disco estupendo de rock que tiene himnos como “Just Like Fire Would” o “Some Thing Never
Change”. Había que bucear en ese rock vital, en ocasiones
barrocos en los que su peculiar vocalista, Chris Baley, saltaba con
facilidad a espacios más melódicos o dignos del mejor power-pop. Mi
sorpresa fue monumental cuando me entero que estaba considerada una
de las bandas pioneras del punk, y podríamos hablar de un tridente
definitivo junto a Sex Pistols y Ramones. El caso es que cuando me
agencio su disco debut “I’m Stranded”, no puedo hacer otra
cosa que pellizcarme, una obra monumental a todos los niveles; es
punk pero con un sello diferente, definido por la carismática voz de
Bailey y la cruda y excelente guitarra de Ed Kuepper . El tema que
da nombre a este disco del 77 debería convertirse en un tema
obligada escucha si alguna vez queremos entender la historia de la
música popular y el desarrollo del resto del disco es inmenso, mi
favorita, entonces y ahora, “Messin’ With The Kid”. En la
edición remasterizada del 2007 aparecen temas recogidos en sigles y
EPs, entre ellas “This Perfect Day”, otra bomba, y la vuelta del
revés de “River Deep Mountain High” de Phil Spector. En
recientes entrevistas concedidas por Chris Bailey, éste afirma no
haber escuchado en ningún momento a los Ramones o a los Sex Pistols,
que además desconocía movimientos antecedentes claros del punk como
el que protagonizaban bandas como The Stooges o MC5 en Detroit.
Cuesta creerlo, y si eso es así, estos tipos fueron unos putos
genios. ¿Qué pasó en sus dos siguientes discos? Que lo bordaron.
“Eternally Yours” y “Prehistoric Sounds” dan un salto
cualitativo y nos sorprende, aunque con la base cruda y dura del
punk, todo queda engrandecido con unos arreglos añadidos de vientos
y guitarras acústicas que nos muestran unos Saints ambiciosos
desligados de crestas y nihilismo, creciendo en un panorama que
apuntaba hacía el dominio absoluto de la new wave. En verdad os digo
que esta bandas se acerca más a los sonidos de la Tamla Motown que
de los garitos sucios de Birmingham, el mismo Chris Bailey siempre
dijo estar más identificado, al menos en el concepto, con Otis
Redding que con Iggy Pop. La evolución del grupo siempre ha avanzado
con una dignidad absoluta dejando una cosecha estupenda en los
ochentas (con la deserción de Kuepper que montaría una banda
llamada de The Aints con la hace sus propias versiones del repertorio
antiguo de la banda) como el nombrado “All Fools Day” o “Monkey
Puzzle”. De ahí hasta llegar a ese magnífico disco del 2014”
King Of The Sun”, donde recupera lo mejor de las cualidades
creativas de un Bailey en racha que además añade un disco más en
una reciente edición, con los mismos temas pero grabados en directo
en el estudio sin arreglos adicionales. Y por fin, el círculo se
empieza a
completar y me encuentro casi quince años después con
unos Saints convertidos en un power trío, defendiendo su disco
actual y lo mejor de su repertorio clásico en una sala con un
público escaso, entrada gratuita y obligado a ocupar asiento. El
propio Bailey ironiza: “Me siento como si fuera un profesor y
ustedes mis alumnos…sólo aprenderían cosas malas de mí”. El
nivel de cohesión del grupo es estupenda, con músicos que repiten
en gira y que han participado en las últimas grabaciones, Chris se
encarga del bajo y voz con gran solvencia, te das cuenta de que estás
delante de un grande, al nivel de otros líderes como clásicos como
Marriot, Daltrey, Wayne Kramer, Pop, Lydon. Empiezan a caer temas de
su último disco , tres seguidos; King Of The Sun, Sweet Chariot yA
Million Miles Away. A partir de ahí empieza un inmenso repaso a
temas esenciales de su discografía:Waiting
For God , This Perfect Day, Let’s Pretend, Something
somewhere sometime, Just Like Fire Would, Know Your Product, Ghost
Ships, (I’m) Stranded…Unos setenta minutos de concierto que
dejaron un sabor de boca estupendo y suficiente para que, los pocos
que estuvimos, quedáramos bendecidos por la eternidad.
martes, 31 de marzo de 2015
THIS IS THE SONICS (2015)
Lamenté el tiempo que había perdido sin escuchar The Sonics, sólo hace una década que descubrí lo grande que eran estos chicos de Tacoma. De hecho conocía sus temas por otros grupos como The Withe Stripes, Fuzztones, Black Keys...pero nunca había recibido la descarga brutal con la quedé sin aliento al meterme entre pecho y espalda su "Here Are The Sonics" del 65 y su "Boom" del 66, artefactos sonoros que te cambian la vida cuando descubres que esta banda podía dejar a grupos vecinos como The Byrds o Beach Boys a la altura de un coro de monjas. Ponle todo las etiquetas del mundo: rock primitivo, garage, proto-punk...todas son válidas, pero la experiencia del recopilatorio "Jerden Years" habla por sí mismo de la valía de uno de los mejores grupos de rock de la historia.
Las dudas me asaltaron cuando, tras su vuelta a la carretera desde hace año, anuncian nuevo disco para finales de marzo de 2015. Algunas grabaciones (como aquella que compartieron con Mudhoney, herederos directos de nuestros chicos sónicos) no prometían estar al nivel de sus años de gloria; una banda diezmada a tres de sus componentes originales (Gerry Roslie, vocal y teclas; Larry Parypa, guitarras; Rob Lind, coros, saxo y armónica) y unas producciones que los acercaban más a Black Sabbath que a ese sonido de unos clones de Little Richard asalvajdos restaba en su música. No podía estar más equivocado, voy por la tercer escucha seguida su bomba para 2015, "This Is The Sonics" y no doy crédito. ¡Discazo! Rock and Roll, garage brutal, temas redondos; con esa parte negra más salvaje del soul y del blues que los marcaron por encima de cualquier grupo de su época...y de ésta; porque después de esto, creo que esos jovenzuelos llamados The Strypes van a tener que colgar sus botas. Han sabido separarse de ese precipicio que es la posibilidad de ser un grupo más de hard rock del siglo veintiuno, para nada, mantienen sus credenciales en el sonido sencillo y directo del rock más clásico. La clave: la producción del muy muy grande Jim Diamond (The Fleshtones, The Mooney Suzuki, Dirtbombs, White Stripes...), un sabio de Detroit que conoce el negocio y como dar ese toque de autenticidad a los discos de rock contemporáneos. Ahí están las credenciales del grupo desde el inicio, "I Don't need no doctor" es un rock and roll que tras el riff inicial acaba montándose a lomos de un killer piano sublime, garganta prodigiosa, coros, panderetas y...como no, el prodigioso saxofón de Rob Lind. El disco sigue y sigue en la misma línea, el tema "Be a woman" es un brutal desarrollo garagero con desgañite final, una de las bombas del disco. Ya teníamos conocimiento del "Bad Betty", como adelanto del disco, y ese prodigioso duelo de hammond y saxo. "You Can't Judge A Book By The Cover" puede ser el tema más versioneado en los últimos años de los maravillosos años de Chess Records, esta versión sienta cátedra. The Hard Way, la brutal Sugaree, el solo brutal de armónica en Leavin Here y todos los demás conforman un colección del mejor rock clásico que se haya escuchado en lo que llevamos de año. Tanto que me ha venido a la memoria un disco que puede ser primo hermano, esa joya firmada por Daltrey-Wilco Johnson del 2014. Sí, y hay temas por los que daría un ojo Iggy Pop, por ejemplo ese "I Got Your Number". Así hasta "Spend The Night" y vuelta a empezar; adictivo y directo a lo mejor del año. Y ahora, estos son los Sonics del 2015...
domingo, 8 de marzo de 2015
BACK TO BLACK: DYKE & THE BLAZERS, WE GOT MORE SOUL
El nivel de clásico en un artista tiene su confirmación con el paso del tiempo. El peso de grupos como Beatles, Stones, Dylan, Byrds es patente en la mayoría de los grupos que alcanzan éxito en la actualidad. Pero es indudable que sentimos una emoción especial cuando volvemos a estos clásicos, sus discos no envejecen, conservan la emoción y un sonido sorprendente teniendo en cuenta que no existían los medios digitales actuales. Dyke & The Blazers son clásicos. Y hablamos de funky soul. Ahí estaban James Brown & The Famous Flames que de manera incontestable habían firmados ya himnos funkies en el 63, pero la corta carrera de Arlester Christian (alias Dyke) y sus Blazers deja un legado increíble, con un sonido que mantiene como nadie ese groove con el sincopado ritmo de guitarra y swing repetitivo con el que el padrino del soul había roto todos los esquemas del rythm blues tradicional y que respondía con agresividad a un mundo hostil para la comunidad negra. ¿Qué tienen estos D. & The Blazers? Tienen una base rítmica que deja en mantilla a cualquier banda de la época. Lejos de la barroca puesta en escena de Brown con predominio de los metales, Dyke le daba más protagonismo a la batería y al bajo y a una omnipresente guitarra con un marcado acento bluesero que la emparentaban más con una banda de rock. La voz de Arlester, en un registro más bajo que la de Brown, ayuda a mantener ese groove. Era un cantante cojonudo, no necesitaba gritar o hacer alardes para engancharte; su temprana muerte (le pegaron un tiro por el 71 en una pelea por temas de drogas) nos privó de lo que podría haber sido un carrerón y un grupo que podría haber supuesto una nueva arista en el mundo de la música negra. Su breve discografía es recogida en esta necesario e imprescindible obra maestra, We Got More Soul!!!
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