domingo, 17 de mayo de 2015

B.B. KING: DISCOGRAFÍA BÁSICA

En la década de los 80, Riley Ben King, alias B.B. King (Blues Boy King), llegaba a hacer 250 galas por año. Pero eso llegó después de un duro camino lleno de dificultades: la segregación racial, el rechazo de la propia comunidad negra por el blues como un estilo asociado al negro paleto y sometido, así como la explotación de los sellos discográficos, por poner algunos ejemplos.
El pequeño Riley, nacido en 1925, huérfano a los 9 años, empieza a trabajar de aparcero precoz al mismo tiempo que destaca en el coro de la iglesia baptista de su pueblo. Comienza en pequeños grupos locales de góspel hasta que se echa la guitarra a la espalda y se marcha a Memphis en busca de su primo, Bukka White, su primer maestro a la guitarra. Maestro a la guitarra con un slide brutal que B.B. nunca llego a dominar y a cambio desarrolla ese vibrato, y , gracias a la amplificación de la guitarra, es capaz de sostener el tono antes de esa sucesión de arpegios en descenso que le caracterizan. Luego vendría la luz de la mano de T-Bone Walker, Lonnie Johnson o Charlie Christian. Lo demás forma parte escencial de la historia de la música popular. En los libros de textos de la escuela, cuando, de pasada, se habla de la música afroamericana, siempre aparece la típica foto de Mr. King, con su traje a lo “Big Band” y su inseparable Lucille, algo impensable para un músico de blues teniendo en cuenta que sus abuelos fueron esclavos en alguna plantación.
No voy a entra en tópicos tras su irreparable pérdida, su discografía imprescindible habla por sí sola. Aquí están los esenciales para mí:
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The Blues/ Singing The Blues/ Let’s Do The Booggie/ My Sweet Little Angel: Todos grabados en ACE records son obras maestras indiscutibles. Sí, has oido bien, ¡IM-PRES-CIN-DI-BLES! El rey se gana su puesto con creces, desarrolla un estilo propio que acabarían imitando 3 de cada 4 guitarristas de blues (sin importar su color). De esta época que abarca la década de los años 50 son temas que sostienen por sí mismo cualquier repertorio de blues que se precie. Ahí están su “Three O’clock Blues”, “You Upset My Baby”, “Woke Up This Morning”, o, uno de mis favoritas “Cryin’ Won’t Help You”. Una época llena de éxito en las lista de blues y Rhythm Blues de la época. Icono sexual, showman, dj de éxito…tiempos de gloria absoluta.

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 Live At The Regal. Hasta 1965, han pasado muchas cosas. Nuestro hombre, harto de que le sangren en Ace, se pasa a ABC records que lo quieren convertir en un cantante de baladas y góspel. El blues decae progresivamente en la década de los 60 pero nuestro rey consigue la que para mí es su auténtica y definitiva obra maestra. Un encendido disco en directo en el que te trasladas a una auténtica sala de blues, una grabación sin aditivos, en la que te codeas con el público y te ensordecen los gritos de las féminas desbocadas deseosas de ocupar un sillón en el harén de su majestad. Si quieres elegir un solo disco del rey, es éste. Flípalo en el arranque de “Every Day”, o en las alucinantes interpretaciones de “Sweet Little Angel” y “Woke Up This Morning”.
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 Live And Well. Terminando la década, sobre el 69 y unido, inevitablemente, al estupendo “Completely Well” (de hecho se venden en formato doble). Es el salto definitivo desde las listas negras (en las que ya es otra vez número uno) a las listas de pop (donde con “Thrill Is Gone” llega al top 15). Se busca a un productor de rock, Bill Szymczyck, manager de los Eagles, y entra en los carteles y festivales masivos. Predomina un blues más eléctrico, con supermúsicos de sesión, arreglos orquestales y calenturientas incursiones en el funky.

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    Indianola Mississippi Seeds. En 1970 graba uno de sus mejores discos en estudio, o al menos un disco imprescindible si lo que quieres es completar tu discoteca de esta década. Soul sureño y colaboraciones propias de una estrella del pop: Carole King, Leon Russel, Joe Walsh…




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L. A. Midnight. Anterior a éste te puedes apuntar otro de sus directos imprescindibles, “Live In Cook County Jail”. Seguimos en los 70, en concreto 1972, y este disco es más de lo mismo, pero muy bueno, con imaginativa revisiones de clásicos, arreglos sorprendentes de metales e invitados de lujo: Taj Mahal, Jessie Davis, Joe Walsh…Otro acierto hacia el renacimiento de su reinado.




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  BB King & Bobby Bland: Together To The First Time (1974) y Together Again (1976) son dos auténtico trallazos de aterciopelado blues soul donde impacta la compenetración de dos artistas que repiten más por el placer de estar juntos que por el recibimiento de éstos  en aquellos años. Las revisiones de temas clásicos cantados (más bien dialogados) por ambos titanes te hacen olvidar por momentos sus grabaciones originales.


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There Is Always One More Time (1991). ¿Qué hizo BB en la década de los 80? Dar conciertos como un loco, sacar discos con revisiones constantes de sus temas, colaborar con estrellas del pop y pasear a Lucille por todos los festivales de blues y jazz del globo. Y no es mal disco este del 91 en el que lucen temas de Doc Pomus y explota su lado más crooner. No se le podía pedir más, a estas alturas, ¿quién podría aspirar a su trono? Fueron años duros para el blues ¿y cuándo no?
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    Blues In The Bayou. Otra joya de la corona. Este es uno de esos discos que te puedes poner en cualquier momento si tras un mal día quieres dar un giro de 180 grados. Es posiblemente su mejor momento personal, sin las apreturas comerciales de los 80 y tras una serie de discos de duetos que le reportan la seguridad económica de por vida, nos deja esta obra maestra en el 98. El emocionante arranque con “Blues Boys Tune” es uno de los momentos más importantes de la historia del blues del siglo pasado.



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Riding With The King. En las puertas del siglo XXI tenemos un King notable y maduro con el que todos quieren tocar. No podía faltar el disco con uno de sus mayores herederos, Eric Clapton. Cuando BB King luchaba por un sitio en el estrecho universo de las seis cuerdas, “manolenta” era ya millonario habiendo declarado su admiración e influencia de Riley. El disco no aporta mucho, correcto y agradable de escuchar, y eso en BB es más que suficiente para recomendarlo. Por cierto que Clapton está muy previsible y rendido a los pies de su “majestad”, se le nota.


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One Kind of Favor. Es su despedida (a la espera de que saquen, con casi toda seguridad su disco póstumo) en el estudio. Y es una obra maestra absoluta. Un disco con una producción excelente del señor T-Bone Burnett en el que versiona una colección de temas ajenos de tipos como John Lee Hooker, Lonnie Johnson, Howlin’ Wolf o Big Bill Broonzy. Rinde tributo a sus raíces, es una reivindicación, desde la humildad y el talento a todos los “reyes”, a los que merecieron esa gloria de la que él disfrutó (algunos casi se asomaron). El disco es una delicia y de obligada escucha en su carrera. La foto de la portada de Riley mirando al Mississippi es una maravilla, más bien es una mirada a su vida, a la historia del blues. Es posible que su enfermedad (sufría diabetes desde hace décadas), no le haya permitido meterse en el estudio con demasiada frecuencia (en los últimos años abusó de sus magníficos directos); pienso que con productores como Burnett podría habernos dado en esta última década unas cuantas obras maestras más. Descanse en paz por siempre y que allí donde esté no le falte una guitarra.


viernes, 24 de abril de 2015

WAITING FOR...THE SAINTS: CONCIERTO EN ALGECIRAS (22/04/2015)

Años, décadas, idolatrando a los australianos The Saints. Sin pillarlos en sus pocas visitas a nuestro país y, una semana antes, me entero con sorpresa de que darán un concierto a poco menos de diez minutos de donde, por razones laborales, me encuentro viviendo este año. The Saints entran en mi vida a través del estreno de su disco del 86 “All Fools Day”, un disco estupendo de rock que tiene himnos como “Just Like Fire Would” o “Some Thing Never Change”. Había que bucear en ese rock vital, en ocasiones barrocos en los que su peculiar vocalista, Chris Baley, saltaba con facilidad a espacios más melódicos o dignos del mejor power-pop. Mi sorpresa fue monumental cuando me entero que estaba considerada una de las bandas pioneras del punk, y podríamos hablar de un tridente definitivo junto a Sex Pistols y Ramones. El caso es que cuando me agencio su disco debut “I’m Stranded”, no puedo hacer otra cosa que pellizcarme, una obra monumental a todos los niveles; es punk pero con un sello diferente, definido por la carismática voz de Bailey y la cruda y excelente guitarra de Ed Kuepper . El tema que da nombre a este disco del 77 debería convertirse en un tema obligada escucha si alguna vez queremos entender la historia de la música popular y el desarrollo del resto del disco es inmenso, mi favorita, entonces y ahora, “Messin’ With The Kid”. En la edición remasterizada del 2007 aparecen temas recogidos en sigles y EPs, entre ellas “This Perfect Day”, otra bomba, y la vuelta del revés de “River Deep Mountain High” de Phil Spector. En recientes entrevistas concedidas por Chris Bailey, éste afirma no haber escuchado en ningún momento a los Ramones o a los Sex Pistols, que además desconocía movimientos antecedentes claros del punk como el que protagonizaban bandas como The Stooges o MC5 en Detroit. Cuesta creerlo, y si eso es así, estos tipos fueron unos putos genios. ¿Qué pasó en sus dos siguientes discos? Que lo bordaron. 
“Eternally Yours” y “Prehistoric Sounds” dan un salto cualitativo y nos sorprende, aunque con la base cruda y dura del punk, todo queda engrandecido con unos arreglos añadidos de vientos y guitarras acústicas que nos muestran unos Saints ambiciosos desligados de crestas y nihilismo, creciendo en un panorama que apuntaba hacía el dominio absoluto de la new wave. En verdad os digo que esta bandas se acerca más a los sonidos de la Tamla Motown que de los garitos sucios de Birmingham, el mismo Chris Bailey siempre dijo estar más identificado, al menos en el concepto, con Otis Redding que con Iggy Pop. La evolución del grupo siempre ha avanzado con una dignidad absoluta dejando una cosecha estupenda en los ochentas (con la deserción de Kuepper que montaría una banda llamada de The Aints con la hace sus propias versiones del repertorio antiguo de la banda) como el nombrado “All Fools Day” o “Monkey Puzzle”. De ahí hasta llegar a ese magnífico disco del 2014” King Of The Sun”, donde recupera lo mejor de las cualidades creativas de un Bailey en racha que además añade un disco más en una reciente edición, con los mismos temas pero grabados en directo en el estudio sin arreglos adicionales. Y por fin, el círculo se empieza a
completar y me encuentro casi quince años después con unos Saints convertidos en un power trío, defendiendo su disco actual y lo mejor de su repertorio clásico en una sala con un público escaso, entrada gratuita y obligado a ocupar asiento. El propio Bailey ironiza: “Me siento como si fuera un profesor y ustedes mis alumnos…sólo aprenderían cosas malas de mí”. El nivel de cohesión del grupo es estupenda, con músicos que repiten en gira y que han participado en las últimas grabaciones, Chris se encarga del bajo y voz con gran solvencia, te das cuenta de que estás delante de un grande, al nivel de otros líderes como clásicos como Marriot, Daltrey, Wayne Kramer, Pop, Lydon. Empiezan a caer temas de su último disco , tres seguidos; King Of The Sun, Sweet Chariot yA Million Miles Away. A partir de ahí empieza un inmenso repaso a temas esenciales de su discografía:Waiting For God , This Perfect Day, Let’s Pretend, Something somewhere sometime, Just Like Fire Would, Know Your Product, Ghost Ships,  (I’m) Stranded…Unos setenta minutos de concierto que dejaron un sabor de boca estupendo y suficiente para que, los pocos que estuvimos, quedáramos bendecidos por la eternidad.


martes, 31 de marzo de 2015

THIS IS THE SONICS (2015)

Lamenté el tiempo que había perdido sin escuchar The Sonics, sólo hace una década que descubrí lo grande que eran estos chicos de Tacoma. De hecho conocía sus temas por otros grupos como The Withe Stripes, Fuzztones, Black Keys...pero nunca había recibido la descarga brutal con la quedé sin aliento al meterme entre pecho y espalda su "Here Are The Sonics" del 65 y su "Boom" del 66, artefactos sonoros que te cambian la vida cuando descubres que esta banda podía dejar a grupos vecinos como The Byrds o Beach Boys a la altura de un coro de monjas. Ponle todo las etiquetas del mundo: rock primitivo, garage, proto-punk...todas son válidas, pero la experiencia del recopilatorio "Jerden Years" habla por sí mismo de la valía de uno de los mejores grupos de rock de la historia. Las dudas me asaltaron cuando, tras su vuelta a la carretera desde hace año, anuncian nuevo disco para finales de marzo de 2015. Algunas grabaciones (como aquella que compartieron con Mudhoney, herederos directos de nuestros chicos sónicos) no prometían estar al nivel de sus años de gloria; una banda diezmada a tres de sus componentes originales (Gerry Roslie, vocal y teclas; Larry Parypa, guitarras; Rob Lind, coros, saxo y armónica) y unas producciones que los acercaban más a Black Sabbath que a ese sonido de unos clones de Little Richard asalvajdos restaba en su música. No podía estar más equivocado, voy por la tercer escucha seguida su bomba para 2015, "This Is The Sonics" y no doy crédito. ¡Discazo! Rock and Roll, garage brutal, temas redondos; con esa parte negra más salvaje del soul y del blues que los marcaron por encima de cualquier grupo de su época...y de ésta; porque después de esto, creo que esos jovenzuelos llamados The Strypes van a tener que colgar sus botas. Han sabido separarse de ese precipicio que es la posibilidad de ser un grupo más de hard rock del siglo veintiuno, para nada, mantienen sus credenciales en el sonido sencillo y directo del rock más clásico. La clave: la producción del muy muy grande Jim Diamond (The Fleshtones, The Mooney Suzuki, Dirtbombs, White Stripes...), un sabio de Detroit que conoce el negocio y como dar ese toque de autenticidad a los discos de rock contemporáneos. Ahí están las credenciales del grupo desde el inicio, "I Don't need no doctor" es un rock and roll que tras el riff inicial acaba montándose a lomos de un killer piano sublime, garganta prodigiosa, coros, panderetas y...como no, el prodigioso saxofón de Rob Lind. El disco sigue y sigue en la misma línea, el tema "Be a woman" es un brutal desarrollo garagero con desgañite final, una de las bombas del disco. Ya teníamos conocimiento del "Bad Betty", como adelanto del disco, y ese prodigioso duelo de hammond y saxo. "You Can't Judge A Book By The Cover" puede ser el tema más versioneado en los últimos años de los maravillosos años de Chess Records, esta versión sienta cátedra. The Hard Way, la brutal Sugaree, el solo brutal de armónica en Leavin Here y todos los demás conforman un colección del mejor rock clásico que se haya escuchado en lo que llevamos de año. Tanto que me ha venido a la memoria un disco que puede ser primo hermano, esa joya firmada por Daltrey-Wilco Johnson del 2014. Sí, y hay temas por los que daría un ojo Iggy Pop, por ejemplo ese "I Got Your Number". Así hasta "Spend The Night" y vuelta a empezar; adictivo y directo a lo mejor del año. Y ahora, estos son los Sonics del 2015...

domingo, 8 de marzo de 2015

BACK TO BLACK: DYKE & THE BLAZERS, WE GOT MORE SOUL

El nivel de clásico en un artista tiene su confirmación con el paso del tiempo. El peso de grupos como Beatles, Stones, Dylan, Byrds es patente en la mayoría de los grupos que alcanzan éxito en la actualidad. Pero es indudable que sentimos una emoción especial cuando volvemos a estos clásicos, sus discos no envejecen, conservan la emoción y un sonido sorprendente teniendo en cuenta que no existían los medios digitales actuales. Dyke & The Blazers son clásicos. Y hablamos de funky soul. Ahí estaban James Brown & The Famous Flames que de manera incontestable habían firmados ya himnos funkies en el 63, pero la corta carrera de Arlester Christian (alias Dyke) y sus Blazers deja un legado increíble, con un sonido que mantiene como nadie ese groove con el sincopado ritmo de guitarra y swing repetitivo con el que el padrino del soul había roto todos los esquemas del rythm blues tradicional y que respondía con agresividad a un mundo hostil para la comunidad negra. ¿Qué tienen estos D. & The Blazers? Tienen una base rítmica que deja en mantilla a cualquier banda de la época. Lejos de la barroca puesta en escena de Brown con predominio de los metales, Dyke le daba más protagonismo a la batería y al bajo y a una omnipresente guitarra con un marcado acento bluesero que la emparentaban más con una banda de rock. La voz de Arlester, en un registro más bajo que la de Brown, ayuda a mantener ese groove. Era un cantante cojonudo, no necesitaba gritar o hacer alardes para engancharte; su temprana muerte (le pegaron un tiro por el 71 en una pelea por temas de drogas) nos privó de lo que podría haber sido un carrerón y un grupo que podría haber supuesto una nueva arista en el mundo de la música negra. Su breve discografía es recogida en esta necesario e imprescindible obra maestra, We Got More Soul!!!

jueves, 19 de febrero de 2015

POPS STAPLES: "DON'T LOSE THIS" (2015)

Pops siempre te cantaba al oído con su destartalada guitarra; la tocaba con tal delicadeza que pareceía un arpa celestial. Con material inédito grabado a finales del siglo pasado  y reciclado por el reciente apadrinado de los Staples, Jeff Tweddy, que ha sabido actualizar el sonido y darle un aire más que creíble. Jeff Aporta el bajo y su hijo Spencer -un adolescente-, la batería. Este disco, junto a los magníficos "Father, Father" y "Peace to the Neighborhood" conforman su breve carrera en solitario tras la disolución de ese coro divino que fueron los Staples Singers, con toda una discografía más que imprescindible y a mayor gloria de su hija predilecta, Mavis Staples, que acaba teniendo su merecido protagonismo en el disco. Me engancha de todas todas ese gospel blusero que aprendió en las plantaciones de algodón de Winona, Mississippi, donde compartió, siendo adolescente, más de una jam con Charlie Patton o Son House. Los temas más desnudos de instrumentos como "Nobody's Fault but Mine" son excepcionales; ahí mantiene la emoción como pocos bluesmen en la actualidad lo consiguen. Somebody was Watching y The Lady's Letter son dos ejemplos de porque en  STAX se volvieron locos con la familia Staples. Ni que decir que de principio a fin su heredera más aventajada mantiene el tipo en toda la grabación con momentos justos de protagonismo; ahí está el bello "Better Home" cantado a dúo. Bonito final con el himno cristiano de Dylan, "Gotta Get Somebody". Una maravilla de disco póstumo; trémolos y acordes abiertos para tiempos de poca fe. 

viernes, 6 de febrero de 2015

STEVE EARLE + THE DUKES: TERRAPLANE (2015)

¡Ojo! Esto huele a discazo. El 17 de febrero Steve Earle estrena su nuevo disco en estudio, "Terraplane". Son 11 temas producidos por R. S. Field, productor de gente como Buddy Guy o John Mayall, y eso se nota un montón. Suena a blues y rock que alimenta. De hecho, el título podría estar inspirado en un viejo blues del gran Robert Johnson, "Terraplane Blues" (1936). Tarraplane era un modelo de coche y el viejo bluesman nos contaba su desesperación porque sospechaba que su chica dejaba "coger" el coche a otro tipo cuando él no estaba. Vamos, que hay temas que me suenan a Howlin' Wolf y a ese boogie-rock del exilio de los Stones. No sé como caerá a sus fans más comprometidos, ya que se ve de sobra un disco menos político. Para mí no tiene más que demostrar, íntegro de pies a cabeza y con varios discos a sus espaldas dentro de su discografía que alcanzan el nivel de obra maestra. Hablaremos de él, seguro.

martes, 20 de enero de 2015

CHENCHO FERNÁNDEZ: LA NUEVA JOYA DEL ROCK SEVILLANO

El rock en Sevilla es tan escaso como un día de lluvía, pero por momentos, como ésta, puede alcanzar cotas de auténtica maravilla. Rock y Sevilla parecen dos términos antagónicos, contrarios y enfrentados. Es posible que parte de eso tengo que ver con el paisaje desolado de salas cerradas que proliferan en la ciudad. Los grupos de calidad nacen al mismo tiempo que mueren y alcanzan la etiqueta de malditos en un santiamén. Así los Sick Buzos, abanderados del rock indie andaluz (nuestros Velvet sevillanos), hicieron su aterrizaje fugaz a finales de los 90 y...vistos y no vistos. No cesar en el intento da sus frutos y esto lo aplicó sabiamente el lider del desaparecido grupo, Chencho Fernández, y tras su debut (no publicado oficialmente) “Nuevo Debut” y su participación en Las Muñecas de la Calle Feria; nos llega con un magnífico disco, “Dadá Estuvo Aquí”. Los estudios Sputniks, con Jordi Gil, están dando la posibilidad de que todo lo que tiene calidad en Sevilla suene mejor que mejor y esta grabación va a ser la joya de la corona. Los diez temas, subrayados en ocasiones por arreglos de cuerda recuerdan a lo mejor de la historia del rock nacional. Suenan a rock de los ochenta pero con un lenguaje real y moderno tanto en la forma como en el fondo. Las inmensas letras de Chencho son potenciadas por una producción excelente de guitarras y dosis justas de silencios que contienen la rabia, el descontento y el hartazgo de un juventud anciana en fase de hundimiento. Si te enamoras en y de Sevilla, entiendes esos guiños a rincones como Fun Club, Alameda de Hércules, Salvador y, por siempre, la Estación del Prado (inmenso inicio del disco). Y por supuesto; Lou Reed always in my mind.